Gabriela Sofia (Coordinador)
Traducción de Juana Lor
Tapa blanda
164 Páginas
Si tuviésemos necesidad de definir la esencia del teatro, ésta sería la relación entre actor y espectador. Cualquier forma de teatro que nos aventuremos a imaginar perdería su significado en el momento en el que dejara de contar con la presencia de, al menos, un espectador. Como conse-cuencia de esto y, a lo largo de la historia, quien hace teatro siempre se ha encon-trado ejercitando, refinando, mejorando la propia capacidad de establecer y mantener esta relación con el espectador.
Con este objetivo, el actor ha construi-do una serie de conocimientos implícitos, pragmáticos e incorporados que son ca-paces de hacer que la relación teatral sea diferente de cualquier otro tipo de mación cotidiana existente entre seres humos.
Ficción, verdad, empatía, aprendizaje, imitación, todos son temas sobre los que los actores de cada cultura han construido siempre, de modo implícito o explícito, sis-temas de conocimiento que pueden trans-mitirse de maestro a alumno.
Y son justamente estos temas los que hoy en día se encuentran en la base de un gran número de investigaciones neu-rocientíficas. De hecho, el descubrimien-to de la ubicación de las neuronas espejo ha obligado a los científicos a realizar una comparación sistemática de esos temas, e forman parte de la cultura milenaria aquel que hace teatro. Y es que no es sualidad que el propio Peter Brook haya dicho que, hoy en día, los neurocientíficos están empezando a entender lo que el tea-tro ha sabido desde siempre.